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Anécdotas inolvidables de Pepe Motta
En mi carrera profesional, tuve increíbles vivencias con grandes artistas,
los que me ayudaron a saber quién era yo, como músico y como persona.
A mí me ocurría lo que le pasa, generalmente, a los artistas que viven en el
interior de nuestro país: tienen su cuota de talento, pero no son concientes
de su valor. Recién cuando se largan a la aventura de conquistar otros
lugares, empiezan a darse cuenta de lo que valen.
Claro que uno encuentra piedras en el camino, como la indiferencia y la
discriminación del medio, lo que sumado a la inocencia y falta de
experiencia del que empieza en este medio, hacen que el camino a recorrer se
haga más difícil.
Aunque también se encuentran "ángeles", los que lo apoyan y creen en uno.
Estas anécdotas tienen que ver con esos "ángeles".
Cierta vez, Dino Saluzzi, (famoso bandoneonista y compositor), me hizo una
pregunta:
- "¿Sabés porqué te llamo a grabar conmigo, siendo que conozco a los más
destacados músicos de tango y de jazz de la Argentina?"
- "No", le contesté.
- "Pues, porque vos tocás estilo Pepe Motta. Estás en el medio. Tocás el
tango como tango y cuando tenés que improvisar, sabes improvisar, sin irte
al jazz".
Otro día, estábamos grabando en los estudios ION de Argentina. Hicimos el
candombe "Río Bermejo". Ahí tenía un solo de piano eléctrico. Lo hice, lo
escuchamos y me dijo:
- "Este solo está muy bien, lo vamos a dejar, pero quisiera que hicieras
otro más. Esta vez con pocas notas, muy simple".
Eso hice y pasamos a escuchar. Entonces Dino me dijo:
- "¿Sabés cuál es la diferencia entre los dos solos?"
- "No".
- "En el primero, hay muchas notas, muchas escalas debidamente estudiadas.
El segundo está tocado con el corazón y de esta clase de músicos, hay muy
pocos en Argentina. Queda el segundo solo".

Corría el año 1984 cuando estaba tocando el piano en
el programa "Cordialmente", transmitido por
Canal7-ATC, Argentina.
El animador era el tan conocido conductor de
programas, Juan Carlos Mareco, "Pinocho", que tenía
una costumbre: hacerle bromas a los invitados y a los
que colaborábamos con él. Todo dependía de quién era
el invitado del día.
Es asi como una vez asistió el maestro Bruno Gelber,
uno de los concertistas de piano más reconocido del
mundo.
Mi trabajo consistía en ser el apoyo del animador,
improvisando sobre la marcha.
Faltando 5 minutos para empezar el programa, que iba
en vivo, se sienta el maestro Gelber en un sillón
junto a Juan Carlos, quien, después de las
presentaciones de rigor, me pregunta:
- "¿Te vas a animar a tocar delante del maestro?".
Por supuesto yo dije "Sí".
A lo que el maestro agregó:
- "Todo trabajo hecho con dignidad tiene su valor".
Por lo que, otra vez, pude comprobar que los realmente
grandes son muy humildes.
En ese mismo programa, durante el año1983, hubo un
ciclo donde se presentaba a los candidatos a
presidente de la Nación, en la época de las
elecciones.
Un día le tocó el turno al Partido Intransigente y el
candidato era el Dr. Oscar Alende, quien fue
acompañado por su familia, asi que el estudio estaba
lleno con sus hijos y nietos.
En determinado momento, me preguntan si yo conocía la
marcha del Partido Intransigente. Lamentablemente, mi
respuesta fue negativa, pero encontramos una solución.
En un corte cormercial, (el programa iba en vivo),
varios de los nietos me tararearon la melodía y en el
siguiente bloque salimos al aire con la llamativa
sorpresa de la marcha del partido intransigente
cantada por la familia del Dr. Oscar Alende.

Recuerdo que por el año 1984 yo era el director musical del
internacionalmente afamado cantante argentino JAIRO y también tocaba el
piano en el muy popular programa diario de Canal 7, "Cordialmente",
conducido por Juan Carlos Mareco.
La gente me tenía muy presente, dado que generalmente Mareco abría el
programa al lado del piano y conversando o cantando conmigo. Yo sabía que yo
era conocido, pues era un programa que "todo el mundo" miraba, pero nunca
imaginé cuánto, hasta que lo pude comprobar aquel día. Jairo y yo íbamos
caminando una tarde, desde el hotel donde parábamos, en Tucumán, (hermosa
ciudad de la Argentina), al teatro donde íbamos a actuar, a una cuadra de
distancia.
De pronto nos ven dos personas, se acercan y nos llaman, Jairo se da vuelta,
acostumbrado a firmar autógrafos y entonces le dicen: "¿Usted es el cantante
que canta con Pepe Motta?" Nos miramos y estallamos de risa.

Recuerdo que en el año 1978, estaba de gira en Ecuador
con la cantante argentina Silvana Di Lorenzo y su
manager, (el hoy famoso empresario de la televisión
argentina), Gustavo Yankelevich.
Recorrimos todo el país desde la costa del Pacífico a
las montañas. Cruzamos selvas y vivimos muchísimas
experiencias.
A los 15 días, ya estaba yo extrañando mi país y mi
familia. Terminábamos de hacer un concierto en Quito,
frente al presidente de la Nación, con rotundo éxito y
se me acercó un cantante llamado
Basilio. Me dijo:
- "Usted es el director musical que yo andaba
buscando. Lo invito a participar en una gira mia por
Europa durante 6 meses".
A lo que yo contesté, instantáneamente, sin entrar en
profundidad en el tema y sin averiguar, al menos, de
quién se trataba,
-"¡¡No!!!, yo no podría estar tan lejos de mi familia
por tanto tiempo". El cantante me miró con una cara de
incredulidad y se fue sin poder decir alguna palabra.
A pocos metros mío estaba Gustavo, hablando por
teléfono y no pudiendo creer lo que estaba escuchando,
ya que él conocía al cantante. Cuando terminó la
llamada, se dirigió a mí y me dijo:
- "¿Estás loco?, Basilio es, en estos momentos, uno de
los artistas más fuerte en América y Europa y eso para
vos hubiera sido un paso increíble en tu carrera.
Ya era muy tarde, aún para, por lo menos, dejar un
contacto para el futuro.
Durante el 1981 hice una gira con el Coro de Acasusso
de Argentina. Fue durante la gira latinoamericana que
organizaron. Recorrimos Perú, Colombia, Venezuela,
México y Estados Unidos. En este último país,
estuvimos en Miami, New York, Washington D. C., Los
Angeles y San Francisco.
Algo que no puedo olvidar, ocurrió en México.
Nos invitaron a una recepción en la Embajada
Argentina. Y tuvimos la grata sorpresa de conocer a
Pedro Vargas, creo yo el mejor cantante de todos los
tiempo de ese país. Hacía un tiempo que había sufrido
una embolia y había quedado con cierta dificultad al
hablar.
En determinado momento le dicen al maestro:
- "Cántese algo, Don Pedro". Lo que me produjo una
extraña sensación, ya que veíamos que no estaba en sus
mejores condiciones. Él intentó disculparse, pero le
insistieron,
- "¡Por favor, maestro!"
Entonces comenzó a cantar un par de canciones, como si
nada.
Yo no lo podía creer, casi no podia hablar y cuando
empezó a cantar, su dicción y su entonación
funcionaron de maravillas.
¡Qué momento que viví! Pude comprobar que los grandes
del canto tienen un don difícil de explicar, pero
facil de sentir. Su emoción y su mensaje le llegan a
uno hasta el alma.

"Por 1980, el maestro Horacio Salgán tocaba con De Lio y yo dirigía el grupo
musical de Luis Aguilé, en Michelangelo. Más adelante tuve el honor de
escribir 2 arreglos ("Azabache" y "El día que me quieras"), para la
producción llevada a cabo en Castello Vecchio, donde el elenco eran Nelly
Vázquez, Luis Aguilé, Horacio Salgán con su orquesta y Gente de Canto.
Todavía tengo los originales y evoco esos momentos tan hermosos, donde la
sencillez del maestro Salgán afloraba a cada instante, por ejemplo, al darme
la oportunidad de hacer esos arreglos para él, hacerme dirigir en el
escenario esos temas, pese a mi insistencia que era él la persona indicada
para hacerlo. Inolvidable el momento cuando el maestro me hizo tocar en el
piano esos arreglos, la primera vez que se ensayaron los temas. Teniéndolo a
mi lado, sabiendo de su trayectoria, nunca me sentí tan relajado,
percibiendo su buena onda permanentemente".
"Allá por 1982, el maestro Salgán me encontró por SADAIC y me preguntó:
"¿Tiene 10 minutos para mí?, lo invito a tomar un café". Y fuimos al Bar
Jama. Allí me dijo: "Yo lo vengo observando a usted. Me preocupa que sea
como tantos buenos músicos argentinos, que sólo se han dedicado a trabajar,
olvidándose de mostrar sus propias composiciones. No le digo que haga lo que
yo hice, por que tuve varios fines de año, con poca comida en la mesa, pero,
por favor, nunca se olvide de mis palabras".

Estaba tocando durante el verano en Mar del Plata, en el año 1980, junto a
Raúl Lavié, Rubén Juarez, (importantes cantantes de tango argentinos) y
Walter Rios, (excelente director y bandoneonista).
Fue un ciclo brillante, el show ganó el "Estrella del Mar", máximo premio
que otorga la Municipalidad de la ciudad a los diferentes espectáculos, al
finalizar cada temporada.
Pero tuvimos días de tensión, cuando los celos ganaron a los artistas. El
grupo que se formó para esa ocasión, estaba integrado por músicos de los dos
cantantes. En determinado momento se comentó que los músicos de Lavié no
tocábamos con la misma fuerza cuando acompañábamos a Juarez. Yo no podía
creer que alguien dudara de mi profesionalidad.
Un día, casi al final de la temporada viajamos a Monte Hermoso, (otra ciudad
balnearia), llegamos bastante tarde y no tuvimos tiempo ni de bañarnos, la
gente silbaba, estábamos en una situación incómoda y ahí nomás los músicos
tuvimos que salir a tocar.
Subimos al escenario y ¡Oh, sorpresa!, el piano estaba afinado un tono más
abajo que el bandoneón.
¿Qué hice? Toqué como pude y me hice el show de 90 minutos en esas
condiciones.
De pronto, se me acerca Rubén Juarez y me dice: -"Recién ahora, me doy
cuenta el tipo de músico que sos".
Valió la pena, haberme callado la boca cuando habían surgido los otros
comentarios.

Recuerdo que allá por el año 1988, me puse a la tarea de conquistar USA.
Hice varios viajes exploratorios, antes de decidir mudarnos con mi familia,
junto al cantante argentino Guillermo Fernández, que además es mi compadre.
Habíamos hecho un grabación junto a Nestor Marconi, (bandoneón); Walter
Ríos, (bandoneón); Carlos Genoni, (bajo); Daniel Berardi, (guitarra); José
Luis Colzani, (batería) y Arturo Schneider, (flauta). Queríamos mostrar
"nuestra" visión del tango en ese momento.
Cuando llegamos a Los Angeles, se estaba organizando el Festival del cine
argentino.
De pronto, Atilio Stampone y su orquesta no podían estar presentes. El
Cónsul argentino Sr. Viñuela, nos llama a Guillermo y a mí y nos dice:
-"¿Se animan a formar una orquesta para tocar en la noche de gala del
festival? Ahí estará gente prestigiosa de Hollywood".
- "Por supuesto", dijimos los dos.
De inmediato empezamos a organizarnos. Conseguimos el bandoneonista, Sr.
Cabrera, de Argentina. Hablamos con Alex Howard, concertino de la orquesta
de la Ópera Pacífica de Costa Mesa, California, conseguimos violines,
violas, cellos y bajos.
Conseguimos al percusionista "Bichito" y al renombrado baterista Efrain
Toro.
Durante 20 días estuve encerrado haciendo los arreglos musicales. Preparamos
dos tangos en inglés, "Nostalgias" y "Los mareados",
ensayamos, hicimos funcionar juntos los diversos estilos de los músicos y
llegó la gran noche.
El éxito fue total y significó, tanto para Guillermo como para mí, la
entrada por la puerta grande en USA.
En el año 1999, me llamó el Consul argentino de California, Dr.
Richieri y me invitó a organizar el Primer Festival de Tango
auspiciado por la Ciudad de Los Angeles.
Se haría un homenaje a Carlos Gardel, frente a los estudios Paramount,
dándole su nombre a esa esquina. Vino el embajador argentino, Diego Guelar,
desde Washington.
Se me ocurrió invitar a participar a la mayoría de cantantes, bailarines y
poetas de Los Angeles.
Actué con mi grupo musical, "Tango Tres", integrado por Coco Trivissono,
(bandoneón) y Pablo Motta, mi hijo, (bajo) y, por supuesto, yo en piano.
Para esa ocasión, invité a formar parte del grupo a Walter de Souza, (violin)
y Cheche Alara, (teclados). Estuvieron actuando, también, un grupo musical
de New York, "New York-Bs.As.-Tango Conection", dirigido por Raúl Jaurena y
Pablo Aslan. También llegó el grupo juvenil de Argentina, "Tangata rea".
Cuando empezamos a planear el show, necesitaba una estrella del tango, e
invité a Guillermo Fernández, que en ese momento estaba en Argentina.
A último momento se incorporó Rubén Juarez, que estaba de paso por Los
Angeles.
Hicimos una organizada programación. Lo que no nos imaginamos
fue que, debido a la gran cantidad de gente presente, (10.000 personas
cuando se esperaban 2.000), los bomberos obligaron a acortar el evento en 60
minutos. Guillermo, que había viajado 20 horas, sólo pudo cantar 2 temas.
Menos mal que es mi amigo y lo pudo entender.

Allá en la década de los 80, cuando estaba haciendo un ciclo llamado "Por
siempre Chaplin" por ATC (canal 7), mi tarea consistía en ponerle
acompañamiento a las películas mudas de Charles Chaplin. Yo las miraba a
alta velocidad en la cineteca del canal. El día de la grabación, en el
estudio, me ponían un monitor y yo improvisaba la música de cada película.
Les comento que yo seguía la trama y hacia los correspondientes efectos con
las caídas, las corridas y las demás cosas que pasaban.
Como hacíamos 3 programas por vez, de una hora de duración, lo que hacía,
para no repetirme, era cambiar de ritmos y de tonalidades. Tuve muchos
llamados de colegas felicitándome por lo pianístico y el desarrollo de
ideas. (Aunque no lo crean, no guardé nunca material de esa época, para mí
era un trabajo más, ahora me doy cuenta de su valor).
Cierto día, estaba grabando otro material diferente en la sala de audio y
aparece la productora Clara Zappetini y me dice:
- "Necesito que me hagas un favor. Estamos grabando para el ciclo "Por
siempre Chaplin" y hay una película que tiene mal el audio de la música,
necesito que vengas ya, pues tengo todo el personal preparado para grabar el
programa".
Y allí fui. Les cuento qué pasó: La película era "Armas al hombro",
¡¡¡duraba 38 minutos!!!
El conductor del programa, el reconocido comentarista de cine Claudio
España, me iba adelantando lo que iba a pasar, en el oído y yo improvisaba
la música en un film que no había visto anteriormente. Salí "ileso" de esa
aventura.
En el año 1999, fuí contratado, como pianista invitado, para el concierto
que ofreció la "Orquesta Filarmónica de Filadelfia", el día 14 de Febrero,
con motivo del "Día de los enamorados".
Se ejecutaron tangos arreglados por el maestro Jorge Calandrelli, otro
argentino. Dirigió la orquesta el maestro Luis Biava, colombiano. También
participaron como músicos invitados Néstor Marconi, (bandoneón), argentino;
Pablo Aslan, (bajo), argentino; Jacqui Carrasco, (violin) y los bailarines
Andrea Missé y Leandro Palou.
En el primer ensayo, estaba ansioso por escuchar la combinación de los
músicos clásicos con los de tango. Quería apreciar lo que se denomina el
"sonido Philadelphia". Y, en verdad, cuando empezó a sonar la orquesta …
pude comprobar que por algo se ganaron el apodo. ¡El sonido es sublime!
Pero sólo hicimos una pasada de cada tango, sin bandoneón. ¿Qué pasaba? Que
Néstor Marconi no llegaba. Debido a esto y combinado con los reglamentos
sindicales, en cuanto al tiempo de ensayo y
descansos, etc., nos volvimos al hotel sin saber cómo sonaría todo el
ensamble.
¿Que había pasado? Había caído mucha nieve en New York , el avión fue
desviado y Néstor no pudo llegar a tiempo.
Al otro día era el concierto, la única solución que tuvimos fue ensayar
antes de la función, unos 15 minutos y "al ruedo". Menos mal que Néstor es
increíble. Salió adelante como lo que es, un gran profesional. Quedó grabada
en mi mente su frase diciendo : "¡¡¡Que pase pronto!!!"
Después de la emoción del comienzo de la actuación, empecé a disfrutar esa
noche, ¡¡¡qué sonido!!!
De pronto, advertí el entusiasmo de los integrantes de la orquesta y cómo
les gustaba interpretar el tango.
¡Fue una noche inolvidable!

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